domingo, 16 de noviembre de 2014

Mafalda explicada por Umberto Eco

Por Tony Raful

Mafalda, la inquieta y pertinaz niña de las tiras cómicas, no es una niña inocente, sino todo un personaje creado por Quino, para incidir críticamente el mundo injusto que nos tocó vivir. ¿Cómo ha sobrevivido Mafalda en la era digital? ¿Por qué no envejece? ¿Por qué es urticante  e incisiva?  Por lo general los personajes tienden a declinar. Los progenitores van disminuyendo su presencia con el tiempo que los corroe, por aquello del contexto socio cultural, de la época vencida, por los nuevos actores, por el desarrollo descomunal de las fuerzas sociales y económicas, por los reemplazos cinematográficos y los nuevos intérpretes de los diarios digitales, por aquello de que nada permanece y todo se somete a un proceso de cambios que reemplaza los ídolos, las insignias del humor y los contrastes. En estos días me reencontré con Mafalda, la encontré pasmosamente actual, incorporada a los tiempos post modernos. Quise preguntarle, por qué no había enmohecido, por qué no  peinaba canas, por qué seguía plantada, desvergonzada y audaz sobre los carriles del mundo de la violencia, el odio y la desintegración social. Ella, que en un serial de los años 70 del siglo pasado, lograba sacar la cabeza del globo terráqueo, solamente para preguntar, por qué no se detenía el movimiento de la tierra, para ella aprovechar y apearse, decidida a abandonar su ciclo de injusticias e incomprensiones. Pero, ¿acaso hemos cambiado tanto desde entonces, como para que Mafalda haya perdido actualidad? Umberto Eco, el formidable e inmenso escritor italiano de “El nombre de la rosa”, escribió el prefacio de la primera edición italiana de “Mafalda, la contestataria”, un libro inolvidable que recopilaba sus tiras. Volviendo a leer las tiras de Mafalda y volviendo a leer a Umberto Eco, me he dado cuenta, de que Mafalda, en su insatisfacción vital, sigue actual, vigorosamente creadora, atrayente, rebelde, impredecible. Umberto Eco dijo entonces:
“Mafalda no es solamente un personaje de historieta más; es, sin duda, el personaje de los años setenta. Si para definirla se utilizó el adjetivo ‘contestataria’, no es sólo para alinearla en la moda del anticonformismo. Mafalda es una verdadera heroína ‘rebelde’, que rechaza el mundo tal cual es. Para entender a Mafalda es necesario establecer un paralelo con ese otro gran personaje cuya influencia, evidentemente, no le es ajena: Charlie Brown.”

“Charlie Brown es norteamericano; Mafalda es sudamericana. Charlie Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta a la que busca desesperadamente integrarse mendigando bienestar y solidaridad. Mafalda pertenece a un país lleno de contrastes sociales que, sin embargo, quiere integrarla y hacerla feliz. Pero Mafalda resiste y rechaza todas las tentativas. Charlie Brown vive en un universo infantil del que, en sentido estricto, los adultos están excluidos (aunque los chicos aspiren a comportarse como adultos). Mafalda vive en una relación dialéctica continua con el mundo adulto que ella no estima ni respeta, al cual se opone, ridiculiza y repudia, reivindicando su derecho de continuar siendo una nena que no se quiere incorporar al universo adulto de los padres. Charlie Brown seguramente leyó a los “revisionistas” de Freud y busca una armonía perdida; Mafalda probablemente leyó al Che”.
“En verdad, Mafalda tiene ideas confusas en materia política. No consigue entender lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen pobres, desconfía del Estado pero tiene recelo de los chinos. Mafalda tiene, en cambio, una única certeza: no está satisfecha.”
“El universo de Mafalda no es sólo el de una América Latina urbana y desarrollada: es también, de modo general y en muchos aspectos, un universo latino, y eso la vuelve más comprensible que muchos personajes de las historietas norteamericanas. En fin, Mafalda, en todas las situaciones, es una ‘heroína de nuestro tiempo’, algo que no parece una calificación exagerada para el pequeño de personaje de papel y tinta que Quino propone. Nadie niega que las historietas (cuando alcanzan cierto nivel de calidad) asuman una función cuestionadora de las costumbres. Y Mafalda refleja la tendencia de una juventud inquieta que asume aquí la forma paradojal de disidencia infantil, de esquemas psicológicos de reacción a los medios de comunicación de masas, de urticaria moral provocada por la lógica de la Guerra Fría, de asma intelectual causada por el Hongo atómico. Ya que nuestros hijos van a convertirse -por mérito nuestro- en otras tantas Mafaldas, será prudente que la tratemos con el respeto que merece un personaje real.” 


fuente: http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2014/10/14/341386/Mafalda-explicada-por-Umberto-Eco

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